Velando por nosotros


Virgen del camino

En esta ocasión os voy a contar una historia curiosa que no es otra que la localización de una réplica exacta de la imagen venerada por los viajeros, desde tiempos inmemoriales, de Nuestra Señora Del Camino del desfiladero de Pancorbo. Esta réplica está situada a la entrada del segundo túnel de la autopista AP 1 en dirección Vitoria a la altura de la localidad de Pancorbo, tallada en la piedra al lado izquierdo de la entrada del túnel. Fué puesta ahí por los trabajadores que horadaron la montaña de roca para construir el túnel.

Túnel Pancorbo

Pero hay uns historia muy entrañable relacionada con esta virgen que os quiero contar.

Corría el año 1931 cuando, por esta localidad deambulaba un mendigo que todos apreciaban ya que nunca había dado que hablar a los lugareños y que iba de casa en casa pidiendo limosna o comida. Cuando se la daban, este pobre ya muy mayor, besaba el mendrugo de pan que le ofrecían en señal de agradecimiento y cuando no, rezaba una oración por la familia que moraba en esa casa. Pobre pero honrado, amable y educado, era estimado por todos los vecinos por su carácter agradecido.

Un buen día le encontraron muerto en su choza destartalada. Llamaron al cura, quien, tras rezar un responso, dispuso de sus escasos enseres. Tan solo un bastón con la punta ennegrecida, una lata de pez y un añoso zurrón, donde, entre miajas, había un pequeño cuadernillo viejo y manoseado junto a un pequeño lapicero. El sacerdote lo abrió y leyó:

  • Día 3 de enero de 1931: “Le tomo prestados a la Virgen dos reales”. 
  • Día 22 de Febrero de 1931: “Le debo a la Virgen lo que me prestó”. 
  • Día 28 de febrero: “Cojo tres gordas a la Virgen”. 
  • Día 14 de Marzo: “Le devuelvo lo que le pedí y la adelanto a la Virgen un real”…

Y así seguía su peculiar apunte relacionando los préstamos y devoluciones: “Debo a la Virgen…” “La Virgen me debe…

Ermita de Pancorbo

Y es que aquel buen hombre, pobre pero honrado, cuando arreciaba el crudo invierno y las limosnas eran escasas, sin que nadie le viera, introducía por la reja de la ermita su bastón embadurnado de alquitrán en la punta y así recogía las monedas que se pegaban a él de entre las que estaban esparcidas por el suelo. A la vista está, porque lo canta su libreta, que sólo lo hacía en caso de extrema necesidad y con el firme propósito de devolverlas en cuanto le fuera posible. Sabedor el buen mendigo que aquellas monedas eran empleadas en el culto de la ermita (flores,cera, manteles, Misas…).

El cura pasó con ligereza aquellas viejas hojas hasta dar con la última anotación, escrita justo el día anterior a su muerte. En el último apunte contable, que había hecho el mendigo, figuraba escrito: “Devuelvo cuanto le debo ¡Estoy en paz con la Virgen!…” y en paz con la Virgen murió.

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