Historias increíbles de la carretera


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Escribo esto desde un lugar extremadamente inhóspito y oscuro donde mi trabajo me trae en la mayoría de las semanas, para descargar pizarra, que es o que transportamos en nuestra empresa desde las montañas ourensanas hasta Alemania. Un monte con un bosque muy tupido donde los árboles atraviesan con sus copas la carretera de acceso a esta cantera, que aquí en este país está prohibido su explotación a cielo abierto, como allí en Ourense, aquí son minas como si de carbón se tratara.

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El caso es que traemos mucha pizarra para este cliente y cuando toca dormir aquí, la verdad es que se hace un tanto tenebroso este lugar ya que esta bastante alejado del pueblo al que pertenece este monte.

Lo que me sucedió un día fue lo siguiente. Resulta que como digo, las carreteras para llegar aquí son vías locales muy estrechas y luego para acceder a la cantera, tienes que salir de esta carretera y conducir por una pista forestal, sin asfaltar, como un par de kilómetros más. Total que un día, venía hacia aquí y, como siempre, me salí de la carretera que se podría llamar comarcal para acceder a la carretera que antes os comentaba, la local que comunica estos pueblos y que hasta llegar aquí a la cantera aún debo recorrer durante unos cuantos kilómetros, así como atravesar unos cuantos pueblos pequeños. Bueno, pues desde que me salgo de la comarcal se me acopla un turismo detrás sin intención alguna de adelantar. Yo como se que me tengo que meter luego por la pista forestal y que no voy a tener posibilidad alguna de noche de dar la vuelta o salir a la carretera asfaltada marcha atrás porque como dije, aún debo recorrer un par de kilómetros por ella, me empieza a escamar el turismo que traigo detrás y que en las pocas rectas que hay, intento darle paso, indicándoselo con los intermitentes, pero nada, que no adelanta.

A mi ya se me empiezan a pasar por la cabeza situaciones e ideas en las que me imaginaba en la madrugada durmiendo y el o los energúmenos que vendrían en ese turismo venían a atacarme y yo sin posibilidad de arrancar el camión y salir del atolladero en la estrecha pista forestal donde dormía en frente a la valla.

Precisamente aquí, un día, un compañero, también de noche aunque temprano. Como digo es un monte con un bosque muy tupido y enseguida oscurece. Se fue hasta la oficina que está como a 100 m. más adelante de la valla para comprobar que, como sucedía alguna vez, estuviera el jefe aún allí y le descargara,  y al volver con las linternas hacia el camión, escuchaba pasos detrás de él y de vez en cuando al darse la vuelta y enfocar con la linterna veía unos puntos rojos que el identificaba con los ojos de un lobo que al oler la comida que había dejado cociendo en un hornillo para cenar, lo venía siguiendo.

Total que, continuando con mi anécdota, justo unos metros antes de meterme a la pista me paro en la carretera y haciéndole señas con los intermitentes consigo que el turismo, que ya llevaba bastantes kilómetros y pueblos detrás mía, me adelantara, sentí un gran alivio ya que no quería que viera por donde me tenía que meter para que mis paranoias no se cumplieran, al no controlarme por donde me había desviado. Pero más alivio fue al ver que el conductor del turismo era una señora mayor que, claro, luego no me extrañé que no me adelantara por aquella carretera local tan estrecha.

Pero no acaba aquí mi historia. Luego de llegar a la valla donde me quedaba a dormir y en este bosque tan tupido, me puse a escuchar la radio, en aquella época aún no traía podcast para escuchar y para pasar el tiempo y la costumbre que tenía era el poner la radio con cualquier emisora de música programada para apagarse al quedarme dormido. Cual fue mi sorpresa cuando empiezo a escuchar, al terminar la música, a un locutor que hablaba en español y antes de poner la pieza musical hace referencia a los 40 principales. Vamos, increíble, a tantos kilómetros de mi país y en este lugar tan recóndito que yo pudiera estar escuchando por la FM cualquier repetidor de cualquier emisora española.

El caso es que me puse a escanear el dial de mi radio, que por cierto era bastante mala para recibir, y al rato se para en outra frecuencia en la que se escuchaba Cadena 100, sigo buscando y así fui escuchando durante unos 10 minutos, todas las cadenas de radio en FM españolas. Bueno, no me lo podía creer. Hasta se me pasó por la cabeza que de imposible que era, tenía que haber algún OVNI o algo así de raro rondando por aquí cerca. Seguí buscando en el dial con el escaneo automático y al rato se dejaron de escuchar las emisoras españolas para seguir oyendo las propias alemanas. Aún hoy es el día que no comprendo esto.

¿Y tu, tienes alguna historia rara que te haya pasado en tus rutas?